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17

jun 2020

CONTAR MUERTOS

17 de Junio de 2020. secretario de Estudios y Asesoramiento Jurídico y Sindical de CCOO Castilla y León, Carlos Castedo.

Desde que tuvimos conocimiento de los primeros fallecimientos en España,asistimos,día sí y día también, a debates cargados de acritud sobre cómo deberían computarse los casos del COVID-19 y no hay un solo medio de comunicación que no lleve en su portada un contador de personas muertas por el virus.Cuántas vecesen hipócritas discusiones se aludeal valor de las vidas individuales y a la frialdad de las cifras y, sin embargo, la polémica acaba centrándoseen los números y en cómo se llega a ellos.


Desde un punto de vista ingenuo,podría achacarse este debate puramente numérico a que tengamos un atávico interés por discutir lo superfluo, a costa de obviar lo importante; ojo que no quiero decir que el número de personas fallecidas sea intrascendente. Es sólo que me heacordado de la fábula que contaba mi abuelo sobre galgos y podencos, en la que las liebres perdían la mayor por haber fijado su interés en la discusión de la raza de los perros y no en cómo huir de ellos.

Durante los primeros momentos de la crisis algunos datos dramáticos permitieron que asimilásemos más fácilmente la necesidad de adoptardrásticas medidas de confinamiento y de paralización económica, además de que sirvieron también para tratar deminimizar los comportamientos irresponsables que hubieran podido contribuir en mayor medida al contagio.

Lo novedoso de la situación, la urgencia en las decisiones, o el modelo descentralizado de gobernanza pueden haber contribuido a cierto confusionismo de cifras. Y es posible que se hayan adoptado algunas decisiones controvertidas, e incluso erráticas,a la hora de establecer los criterios para dimensionar los efectos de la pandemia. En cualquier caso, el debate debería circunscribirse alámbito científico, en el marco de las directrices de la OMS,con el objetivo de conocer mejor el virus, sus efectos y la forma de combatirlo, pero la discusión de las cifras nunca debería ser parte del debate político, y menos en el momento actual en el que la oposición no tiene más objetivo quedeslegitimar al Gobierno, utilizando sin reparo el dolor y la tristeza de quienes han perdido a sus seres queridos.

¿Qué sentido tiene seguir enfrascados en discusiones sobre el número de fallecimientos? ¿Qué sentido tiene estar comparando permanentemente las cifras de los territorios, sin tener en cuenta las circunstancias propias de cada caso, como si éstasfueran sinónimo de buena o mala gestión?. Yo que soy tan amigo de estadísticas y de análisis, no pretendo renunciar a ellas, al contrario, quiero y exijo que se hagan, pero no para ser arrojadas al oponente político, sino para alcanzar un mayor conocimiento de cómo hacer frente a situaciones similares, que a buen seguro tendremos en un futuro no lejano.

Es necesario depurar responsabilidades si es que ha habido actuaciones negligentes; pero los análisis deben ser científicos, hechos con sosiego por expertos y no por cuñados. No deseo para mi país escaladas de la agresividad política y socialque busquen justificación en esta desgracia que nos ha tocado vivir; y menos justo cuando más falta nos hace contar con una sociedad cohesionada, que sea capaz de ayudar a quienes lo necesitan y de reconfortar a quienes esta mierda de virus haya robado sus vidas.

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