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3

jun 2020

Derecho a la educación

3 de Junio de 2020. secretario de Estudios y Asesoramiento Jurídico y Sindical de CCOO Castilla y León, Carlos Castedo.

La crisis del coronavirus ha servido, entre otras cosas, para mostrar que nuestra sociedad no es la de la igualdad de oportunidades que la derecha repite machaconamente. Empezando por el hecho de que el riesgo del contagio ha sido mayor en las clases más desfavorecidas, continuando conque el confinamiento no es igual si sepasa en una infravivienda que para quien está recluido en un espacio amplio y con comodidades, y siguiendo por la desigualdad que supone enfrentarse a esta pandemia trabajando desde casa a pesar de todas las dificultades y particularidades que el teletrabajo conlleva que tener que salir a buscarse la vida en la economía sumergida.


Pero hay un aspecto en el que quiero detenerme porque si antes de esta crisis ya me tenía preocupado, ahora con el confinamiento me tiene mucho más. Se trata de la desigualdad en el ejercicio del derecho a la educación. El informe PISA ya había advertido de que la mayor causa de desigualdad entre los escolares es el origen social y la situación familiar; y es que a nadie se le escapa que los recursos económicos y el nivel educativode las personas del entorno son factores que contribuyen a alcanzar mejores resultados escolares. Por eso, el papel de sistema educativo, especialmente del público -y del profesorado- es crucial para intentar compensar las desigualdades de cuna existentes entre las personas.

Hace años que vengo manifestando que es una injusticia -y un fracaso social-que haya alumnado que no accede a actividades de refuerzo educativo por carecer de medios, o que haya niños y niñas que no participan en actividades extraescolares porque sus familias no pueden costearlas, o que haya jóvenes que no puedan finalizar sus estudios porque su contribución es indispensable para la economía de sus familias. Pero la crisis del coronavirus ha evidenciado esta situación y la ha aumentado porque sin la capacidad superadora de desigualdades que tiene la escuela, queda al descubierto la desigualdad en el alumnado motivada por su nacimiento; incluso el esfuerzo y abnegación mostrados por buena parte del profesorado que ha tratado de suplir las clases con actividades no presenciales,no sólo no contribuyen a la reducción de las desigualdades, sino que al contrario, las aumentan porque quienes más necesitan el papel socializador de la escuela son quienes en peor situación se encuentran para poder educarse en estas condiciones.

Toca ir pensando ya en cómo debe ser la escuela de después de la pandemia. Es obvio recordar que los centros educativos son mucho más que un aparcamiento de hijos e hijas mientras padres y madres necesitan trabajar jornadas infinitas; es obvio decir que hace falta un mayor reconocimiento social de la educación y del papel del profesorado; y es todavía más obvio que ahora más que nunca hay que incrementar los recursos destinados a la educación. Pero hay otras cuestiones que no parecen tan obvias para mucha gente y de las que yo me atrevo a apuntar tres: no podemos mantener un sistema educativo dual que segrega al alumnado por rentas a pesar de estar sostenido con fondos públicos; es necesario cambiar un sistema de ayudas al estudio que escatima recursos a quienes sólo por esta vía pueden ver garantizado su derecho a la educación;y por último, proporcionar al profesorado organización y medios es el primer paso para un mayor reconocimiento de su labor y para que su trabajo no sea un acto de heroísmo ni devoluntarismo.

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