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4

may 2020

Vergüenzas

4 de Mayo de 2020. secretario de Estudios y Asesoramiento Jurídico y Sindical de CCOO Castilla y León, Carlos Castedo.

Mi vergüenza ha aumentado durante este confinamiento más que lo ha hecho mi peso, que ya es.


Vergüenza por muchos comportamientos ajenos, pero también por los propios. Vergüenza por quienes acaparan productos de primera necesidad y privan de ellos a personas más necesitadas; y por sinvergüenzas que encarecen los productos imprescindibles. Vergüenza de empresarios que despiden impunemente, o que mandan a un ERTE a sus trabajadores pero que a la vez les exigen seguir trabajando. Me siento corresponsable de lo que realmente son las residencias de ancianos, y por la invisibilidad y la precariedad de las mujeres que se dejan la vida trabajando en ellas; y por no haber puesto más empeño en defender la sanidad pública.

No pido comida a domicilio porque siento vergüenza de una sociedad que obliga a personas a ganarse la vida precariamente con una bicicleta, muchas de ellas extranjeras sin papeles. Me abochorna la deriva xenófoba de un pueblo que tanto debe a quienes tuvieron que marcharse de aquí por motivos similares. Y siento angustia al pensar en los efectos de esta pandemia en el tercer mundo y en cómo van a conseguir superarla quienes se hacinan en campos de refugiados a la puerta del nuestro.

Me alarma el retroceso que va a producirse en la igualdad de oportunidades porque una parte de nuestra juventud no tiene un entorno que compense la falta de clases.

Me da asco y vergüenza vivir en el mundo del “y tu más”, y no en un mundo del “cómo puedo ayudar”. Y aunque suene poco “patriótico” siento vergüenza por la exhibición de himnos y banderas con cualquier excusa, y más aún si se hace a las ocho de la tarde; repudio a los hipócritas del crespón, que piensan que el nuestro es menos luto que el suyo.

Exigir bajadas de impuestos es indignante, y más aún cuando los recursos públicos van a ser más necesarios que nunca; como también lo es que los defensores del mercado por encima del Estado ahora pidan ayudas públicas. Por no hablar de quienes magnifican la falsa caridad de algunas grandes empresas que tapan sus desvergüenzas fiscales con pírricas donaciones.

Me abochorna quien se salta la cuarentena, contribuyendo con su insolidaridad al sufrimiento colectivo-mejor no digo nada de cierto expresidente-, pero todavía me indignan más los policías de balcón, y más aún que algún policía abuse de la autoridad democrática que le da su cargo. Siento vergüenza por el odio que se arroja desde las redes sociales en medio de esta desgracia, pero más aún cuando ese vómito procede de algunos medios de comunicación pretendidamente serios, que realmente viven en el bulo y la violencia mediática.

Y a pesar de todo ello, siento mucho orgullo por el comportamiento de la gente. Por quienes se quedan en casa; por el personal de hospitales y de residencias; por los que garantizan nuestra vida con su trabajo, en tantos sectores que no nombro por evitar olvidar a alguno; por los niños y jóvenes que siguen formándose y por el profesorado comprometido; por toda la gente que tiene iniciativas solidarias; por las y los que con buena fe aplauden a las ocho y, en definitiva, me siento orgulloso de tantas y tantas personas que transmiten ilusión y positivismo y que en medio de esta situación nos ayudan a tener esperanza y a soportar colectivamente el confinamiento.

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