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17

dic 2019

Tan solidarios como Amancio

17 de Diciembre de 2019. Carlos Castedo Garvi, secretario de Estudios y Asesoramiento Jurídico-Sindical de CCOO-CyL.Artículo publicado en El Norte de Castilla el lunes día 16 de diciembre.

En días cercanos a la Navidad se prodigan las iniciativas de caridad hacia quienes sufren pobreza. En esa clave se ha organizado recientemente una campaña de recogida de comida destinada a los bancos de alimentos. No discuto que muchos de quienes participan en estas iniciativas tengan buenas intenciones, tanto si se encargan de su gestión, como si contribuyen en la medida de sus posibilidades, comprando arroz, leche, legumbres o galletas. Una iniciativa que incluso parecería tener la misma buena intención de la que tienen quienes se echan a la calle con ollas de sopa, bocadillos y termos de café con los que mitigar las penurias de quienes tienen la calle por domicilio.


No entraré en las vinculaciones que los bancos de alimentos tienen con la Iglesia Católica y más particularmente con cierta congregación; ni voy a profundizar en las dudas que -en base a lo declarado por algunas personas que han participado en ellos- me suscita si la gente más necesitada es realmente la destinataria de los alimentos recogidos.

Prefiero centrarme hoy en la propia existencia de estos bancos y en estas campañas, que siendo consideradas un éxito por sus promotores, se me antojan realmente un fracaso de la sociedad, o peor aún, un ejercicio de hipocresía y un fraude social. Empezando por las propias cadenas comerciales que participan en ellas, utilizando el reclamo de la solidaridad para mejorar su imagen de marca, eso sí, vendiendo sus productos al precio habitual -y con su margen comercial- a personas bienintencionadas. Los productos se amontonan en las entradas de sus comercios, induciendo en quienes no colaboran en la campaña, la vergüenza de ser insolidarios por ser capaces de atravesar la barrera de voluntarios uniformados sin contribuir a su causa; me consta que hay quien organiza sus compras en los días previos para no tener que sufrir esta sensación.

¿Cómo se compagina esta imagen de solidaridad colectiva con la de las mismas cadenas comerciales destruyendo productos perecederos, e impidiendo así que alguien necesitado pueda recuperarlos de los contenedores? También es curioso que sus promotores pidan que estas compras estén exentas de IVA, pero no dicen nada de lo que en el día a día supone, para multitud de familias, pagar este impuesto cuando adquieren artículos de primera necesidad, tributando en la misma medida que lo hacen los poderosos por sus lujos.

Lo realmente preocupante es que haya personas que estén en situación de necesidad y combatir las causas de que esto ocurra es lo que debería hacernos reflexionar y reaccionar. Es imprescindible que nuestra sociedad del primer mundo no genere más desigualdad cuanto mayor sea la riqueza. Y debemos exigir con rotundidad que las administraciones públicas deben atender adecuadamente a estas personas, sin hacerles pasar por la degradación de someterse a la beneficencia de los comedores sociales, al reparto de ropa usada, a la mendicidad, o a poder comer caliente gracias a que personas anónimas bajen a la calle con sus ollas y con sus termos. En definitiva, erradiquemos el problema haciendo que nuestra sociedad sea más justa y menos hipócrita y no harán falta más bancos de alimentos.

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