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10

dic 2019

Cambiemos el sistema, no el clima

10 de Diciembre de 2019. Cristina de la Torre Sanz, secretaria de Migraciones y Medio Ambiente de CCOO de Castilla y León.

Este lema fue coreado en la manifestación del 6 de diciembre pero también es un resumen del encuentro de sindicalistas internacionales por la acción climática del 8 de diciembre dentro de los actos de la COP25. El Secretario Confederal de la ETUC, Ludovic Voet, comparaba el momento actual con el Titanic. Se creía que era una maravilla de la ingeniería capaz de desafiar a la Naturaleza, igual que nuestro actual desarrollo económico y tecnológico. Y, cuando fracasó, fueron los de tercera clase los más perjudicados; cuando no había botes salvavidas salvavidas para todos fueron condenados al abandono por los de primera clase. También es similar la actitud de algunas personas de los de primera clase que continuaron cenando con los músicos tocando mientras se hundía el barco, decidiendo continuar con el banquete sin querer renunciar a sus privilegios y confiando en que el capitán acabaría tomando el control.


La idea central de la jornada fue la necesidad de incorporar una perspectiva global de los derechos humanos a la acción climática. Así lo manifestó Michelle Bachelet, la actual presidenta del Alto Comisionado para los derechos humanos de Naciones Unidas. La desigualdad climática está ligada a la desigualdad económica Las cifras de pobreza y hambrunas empeoran porque la escasez de recursos (agua, alimentación, energía…) que se está dando acentúa la desigualdad. Y estas personas son las que tampoco tienen acceso a derechos laborales, ni a protección social, ni a sanidad.

Asad Rehman, presidente de la ONG WarOnWant, ligada al grupo laborista, indicaba que el reto para los sindicatos es que los Gobiernos hagan sus medidas de mitigación y adaptación al cambio climático pensando en las personas y no sólo en toneladas de CO2. Cuando hablamos de Transición justa nos tenemos que referir a las y los trabajadores de todas las cadenas de suministro. No sólo a los que están en sectores en peligro y sólo en el primer mundo. Es necesario aprovechar este momento de cuestionamiento del modelo neoliberal para luchar por extender los derechos laborales a la clase trabajadora de todo el mundo.

El único movimiento con infraestructura mundial que pueda unir a todo el planeta contra el cambio climático es el movimiento sindical desde una llamada a la solidaridad internacional. El relato del cambio climático se vincula a la explotación a las personas trabajadoras; es una vuelta de tuerca a la historia de la colonización, de la esclavitud y de la deuda al Banco Mundial del mundo del sur. Continuaba Asad insistiendo que las víctimas ignoradas del cambio climático. Los desplazamientos de personas no se producen por el cambio climático sino por la falta de derechos ante el cambio climático. Es la única solución a la supervivencia en decenas de países en el mundo.

La acción climática en las regiones del mundo

Las intervenciones de nuestros compañeros y compañeras sindicalistas de las distintas regiones del mundo fueron poco alentadoras.

Francis Kim, representante en la ITUC de la zona de Asia Pacífico indicaba que allí están los países más afectados por el cambio climático y las migraciones que ello está generando. 1200 millones de trabajadores/as dependen de un medio ambiente saludable, la mayoría, agricultores. En Nueva Delhi, las personas miran diariamente una aplicación sobre el estado del aire que les indica si deben salir a la calle con máscaras o no; quienes se las pueden pagar, claro está. Sin embargo, la falta de derechos laborales es tal (aún existe el trabajo esclavo y la mortalidad laboral tiene cifras altísimas) que no hay una conciencia desde el sindicato de la importancia de la acción climática.

Rhoda Boateng, la representante de la región de África, comentaba como la riqueza en recursos de sus países sólo era aprovechada por los países que las importan desde el norte. En este continente hay un 90% de economía informal y un 60% de paro juvenil. Aunque sólo emite un 4% de las emisiones de CO2 mundiales sufre un aumento de sequías severas, ciclones, huracanes, inundaciones y olas de calor que están disminuyendo drásticamente la producción agroalimentaria. Ya se ha constatado la relación entre los desastres naturales, la escasez de recursos y el aumento de la conflictividad en las zonas. Desde este continente no comparten la visión eurocéntrica del concepto de transición justa; lógicamente cuando hablamos de una falta total de los pilares que lo sustentan (diálogo social, protección social, formación y recualificación y financiación) Con calma pero sin pausa están construyendo su propio discurso del cambio climático al que han contribuido poco pero que están sufriendo en primera persona.

La compañera Natalia Carrau, de la Central Sindical Argentina, habló en nombre de la región Americana. En su intervención unió cuestión ambiental a la justicia social, al feminismo y al desarrollo sostenible. Fue dura con el actual modelo de producción y consumo y la precarización 4.0 que genera. Las soluciones del mercado sólo benefician a las empresas que son las que han promovido una división internacional del trabajo; es decir, las multinacionales del norte esquilman al sur de sus recursos dejando beneficios sólo para los gobiernos que ellas mismas manejan mientras la población sigue en la pobreza. Sin democracia no puede haber transición justa y el déficit de derechos humanos en Latinoamérica es grande (Chile, Bolivia, Brasil,...) En este último país se vuelven a matar a sindicalistas y ecologistas en un ataque claro a los derechos humanos.

Las intervenciones en nombre de Canadá y Europa marcaban otros intereses ligados al desempleo que la transición está generando en algunas zonas. En estos lugares donde los derechos más básicos están garantizados a pesar de la precariedad, las principales preocupaciones son el conseguir fondos para abordar la transición. Las consecuencias del cambio climático no han golpeado tan fuerte como en otras regiones del mundo, pero hay mayor sensibilidad al problema y desde los sindicatos se están articulando propuestas para los distintos Gobiernos.

Como conclusión, se vio la oportunidad que el momento actual ofrece a los sindicatos. Los movimientos ecologistas no pueden influir en las empresas pero nosotros sí, y por ello, podemos impulsar los cambios en el modelo neoliberal desde dentro, en el diálogo social tripartido allí donde está establecido y, donde no, impulsarlo y forzarlo.

¡Sólo podemos ganar esta pelea desde la solidaridad internacional sindical!

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