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24

oct 2019

¿Seguridad?

24 de Octubre de 2019. Carlos Castedo Garvi, secretario de Estudios y Asesoramiento Jurídico-Sindical de CCOO-CyL.

He pasado el verano recluido en casa, sin poder disfrutar de playas, fiestas populares y romerías. Ha sido porque he oído en la radio que, si no tienes alarma en tu casa y te marchas tres días de ella, a tu regreso la encontrarás ocupada; y es que yo he sido siempre bastante contrario a todo tipo “alarmas”.


Últimamente estos anuncios han dado otra vuelta de tuerca, pasando de inducirnos el miedo al robo, a meternos obsesivamente en la cabeza el peligro de que alguien se apropie de nuestro hogar o, dicho de otra forma, de que alguien nos robe nuestra vida; y no lo dicen pensando en los bancos, ¡que anda que no se han quedado con casas durante estos años!

No he conseguido encontrar una estadística oficial del número de casos de ocupación de vivienda que machaconamente nos vaticinan; ruego a quien disponga de ellas que me la haga llegar para sacarme de mi ofuscación; incluso me atrevo a hacer un llamamiento para que quienes hayan sufrido esa dramática experiencia la compartan con el resto de la humanidad a través de las radios que emiten estos anuncios para que, a los escépticos como yo, nos corrijan la errónea percepción que tenemos del mundo en el que vivimos.

No digo con esto que no existan robos, atracos y timos; que no haya personas víctimas del mal trago de encontrarse su casa desvalijada -a mi propia madre le ocurrió a la vuelta de una “excursión” a la panadería de la esquina-. Es evidente que no se trata de una experiencia agradable, por lo que vaya por delante mi solidaridad con quienes la hayan sufrido, pero no llego a ver la capacidad que tiene el aparato para evitarlos, más allá del efecto disuasorio que pueda tener esa plaquita que informa que contamos con uno de ellos -también conozco a alguien que pretendía adquirir exclusivamente dicha plaquita-.

Lo que me indigna es el abuso publicitario hecho por empresas cuya pretensión no es otra que mejorar la cuenta de resultados de sus accionistas, hasta llegar a ser capaces de contribuir impunemente en la creación de la sensación de que estemos viviendo en algo parecido al lejano oeste de las películas. Me indigna que sea legal esta publicidad a cualquier hora, incluso interrumpiendo una programación que escuchan personas de todas las edades -también niños- y en diversas condiciones vitales. Me cabrea que vivamos en una sociedad donde se dé por normal este abuso y en la que cada día estemos más atenazados por el miedo a perder algo que nos pertenece, como si no viésemos habitualmente a personas que lo pierden todo, no por culpa de ocupas y rateros, sino por parte de quienes obtienen su beneficio en echar a la gente de sus casas y de sus vidas, incluso aunque para ello lleguen a organizar guerras.

Ellos saben que los poderosos ganan cuando el miedo atenaza a la gente, y que el miedo nos hace estar a su merced; por eso, bajo una falsa apariencia de fomentar que vivimos en una sociedad segura, tanto los poderes públicos, como quienes realmente mueven los hilos, se encargan de hacernos sentir miedo a perder lo que ilusoriamente creemos que tenemos. Estos anuncios son solo una más de sus armas. Seguro que si probásemos a reducir las desigualdades y trabajásemos por conseguir que nadie tuviera que vivir de forma precaria harían falta menos alarmas.

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