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22

ene 2019

Tempus fugit

22 de Enero de 2019.

Artículo del secretario de Asesoramiento Jurídico y Sindical de CCOO Castilla y León, Carlos Castedo, publicado el 21 de enero de 2019 en el Norte de Castilla.

"Terminan las fiestas navideñas y terminan también muchos de los contratos hechos a trabajadores y trabajadoras que, entre otras tareas, han cocinado nuestras cenas con amigos y familiares o nos han atendido en nuestras compras. Estacionalidad es la palabra utilizada para identificar el fenómeno de este tipo de contratación, destinado a trabajos que se concentran en determinados momentos del año, que sirve a algunos para justificar que las empresas no realicen contratos indefinidos".


España juega en la Champions de los países de la contratación temporal, y Castilla y León no le va a la zaga: “eventuales por circunstancias de la producción”, “contrataciones para la realización de una obra o servicio determinado” y “contratos de interinidad”son en conjunto más del 90% de los contratos realizados en Castilla y León. Una proporción que se mantiene a lo largo del año, sin cambiar con los meses, como sería lo esperable si realmente estuviera ligada a la estacionalidad.

¿Cómo puede entenderse que en el mes de noviembre haya habido en Castilla y León más de 90.000 altas a la seguridad social, si no es porque en ese mismo mes hubo más de 89.000 bajas?. Es el carrusel de la contratación temporal, en el que empresas sin responsabilidad social –ni escrúpulos- buscan ventaja competitiva con la inestabilidad laboral de quienes las levantan con su esfuerzo. Una estrategia de mal empresario que, en lugar de estabilizar plantillas y aprovechar la formación y experiencia de sus trabajadores, los manda al desempleo un viernes para volver a contratarlos el lunes, ahorrándose costes laborales en fines de semana o en periodos vacacionales. Unos costes que recaen en el propio trabajador, tanto si consume las prestaciones por desempleo cuando tiene derecho a ellas, como si es a costa de perder los ingresos –y las cotizaciones- de esos días, como ocurre en la mayoría de casos; una práctica que al final acaba generalizándose para una parte importante de los trabajadores.

La temporalidad, junto con la parcialidad, los falsos autónomos y el desempleo, son culpables de que una buena parte de la población no sólo no disponga de ingresos suficientes para desarrollar un proyecto vital digno, sino también de que estén supeditados a la arbitrariedad de quienes, día a día, deciden su contratación. Esta situación en la que vivimos, como consecuencia de un empresariado egoísta y de una autoridad laboral incapaz de poner coto a sus prácticas caciquiles, es terreno abonado para una clase obrera sometida, obligada a acatar las condiciones, cualesquiera que sean, por miedo a su expulsión del carrusel, o por la urgencia de subirse a él a toda costa.

La temporalidad, además de injusta para quienes la sufren, es el harakiri de nuestra sociedad, ya que en estas condiciones ¿quién no piensa en marcharse a buscar fuera un empleo que le permita hacer planes de futuro?. Y de quienes se quedan en estas condiciones laborales, cuántos, a pesar de desearlos, se plantean no tener hijos porque sus empleos no garantizan la estabilidad económica que sacarlos adelante requiere. Dejemos de rasgarnos las vestiduras con la despoblación que sufre Castilla y León y afrontemos la raíz del problema de una vez por todas.

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