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20

nov 2018

Desde la ventanilla de un tren

20 de Noviembre de 2018.

"Desde la ventanilla de un tren" es un artículo de opinión del secretario de Estudios y Asesoramiento Jurídico y Sindical de CCOO Castilla y León, Carlos Castedo publicado en el Norte de Castilla el día 19 de noviembre de 2018.

"Desde el andén de la estación los dos pequeños buscan la cara del abuelo en las puertas del tren que acaba de llegar. El hombre venia sentado a mi lado y enseguida los vio por la ventanilla cogidos de la mano de su padre. Es un hombre sencillo, curtido en una larga vida de trabajo y de privaciones, orgulloso de un hijo al que los estudios sacaron de aquella tierra lejana y de su gente para traerle a esta gran ciudad en la ha echado raíces propias".

 


Ojos brillantes de padre con una mezcla de orgullo y pena; emociones que trajeron de golpe a mi memoria un tiempo en el que yo fui el padre de la estación cuando el mío, aprovechaba cualquier oportunidad para, viniendo a ver a los nietos, volver a ver a su añorado hijo.

La emigración no es un fenómeno nuevo, en todos los tiempos ha habido personas que buscan oportunidades fuera de su entorno y de sus raíces. Aunque en algunos casos haya sido por aventura, la mayoría de las migraciones responden a situaciones de necesidad, e incluso son muchas las personas que se ven obligadas a huir de su región para intentar preservar su vida. A lo largo de la historia mucha gente se marchó de Castilla y León a América, a la Europa más rica y a otras regiones de España, pero en tiempos recientes nos habíamos acostumbrado a ser un país receptor de personas de otros lugares que abandonaban su tierra y sus vínculos para tratar de encontrar un sitio donde la supervivencia fuese un poco menos difícil, transformando un poco nuestra sociedad que es ahora más diversa. La crisis rompió esta tendencia y no sólo esas personas dejaron de venir, sino que volvimos a ver cómo nuestra juventud ha tenido que emprender un camino especialmente doloroso para quienes los vemos partir. Soy consciente de que quedarse supone condenarles por falta de expectativas y que la emigración es un paso necesario para su futuro; eso al menos alivia el dolor de una herida que nos desangra como sociedad y que nos rompe a quienes lo vivimos.

Aun siendo traumática esta emigración que se vive en nuestra tierra, no es nada comparada con la diáspora desesperada que sufren en otros puntos del planeta, donde quienes marchan se enfrentan a un viaje de resultado incierto y plagado de penalidades; un camino en el que está en juego la propia vida, siendo pocos quienes logran alcanzar el objetivo. Un viaje que se afronta sin más recursos que sus manos vacías y la desesperada necesidad de sobrevivir, y a cuyo fracaso nos empeñamos las sociedades más ricas, poniendo barreras cada vez más difíciles de atravesar, en un claro ejercicio de deshumanización.

Y mientras tanto en Castilla y León estamos preocupados por el avance de la despoblación; decimos que es urgente detenerla y ello únicamente pasa por hacer que éste sea un lugar de oportunidades y de futuro, tanto para que nuestra gente no necesite marcharse, como para que otras personas encuentren aquí una tierra en la que echar nuevas raíces. Nuestra obligación como sociedad es, como mínimo, intentarlo.

Pronto seré yo uno más de los muchos padres y madres que habitaremos pueblos y ciudades cada vez más envejecidos por culpa de esta sangría que asola nuestra tierra. Uno más de quienes desde la puerta de un tren o de un avión, busquen en el andén los ojos del hijo que se fue. Mi consuelo es saber que existe la posibilidad de que alguna vez sea yo quien baje de ese tren, mientras que para millones de personas migrar supone poner un punto final en sus vidas.

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