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18

jun 2018

SE ME HACE BOLA

18 de Junio de 2018. Carlos Castedo, secretario de Estudios y Asesoramiento Jurídico y Sindical de CCOO Castilla y León

Cuando oigo decir que las empresas no encuentran personas para incorporar a sus plantillas y que es urgente adecuar la oferta formativa a sus necesidades, noto algo en el estómago que me sube hasta la boca y me atraganta. Será por pensar en tantos jóvenes que,una vez acabados sus estudios, han tenido que marchar fuera de esta tierra porque aquí sólo se les ofrecen empleos en la hostelería, o de peones no cualificados, o enalguna precariacontratación en lomal llamado empleo colaborativo. Y es que me entran ganas de no pasar por las estaciones porque no soporto ver cómo nuestros chicos y chicas miran con envidia a quienesvienen a ocupar esas miles de vacantes que los empresarios dicen tener aquí, mientras que ellos tienen que marchar a buscarse la vida fuera.


Disculpen la ironía pero cuando algo se me hace bolaes mi único recurso para evitar el llanto. La realidad es que son bien pocas las personasque encuentran su futuro profesionalaquí; baste el dato de la Encuesta de Inserción Laboral de los Universitarios que el INE publicó en 2016 y que indicaba que por cada persona titulada en 2010 en las universidades del resto de España que en 2014 trabajaba en Castilla y León, 4,1 de las nuestras habían hecho el camino inverso. Mención aparte del 8% de nuestros universitarios que fueron a trabajar al extranjero, o de quienes directamente se van a estudiar fuera, que también son más que los que vienen.

¡No señores empresarios, no! Es un problema suyo: de debilidad del tejido productivo, del tamaño de sus empresas, de que la Industria de intensidad tecnológica alta y media alta genera menos del 5% del empleo de Castilla y León, decarencia de empleos -intensivos en conocimiento- en las actividades de alta productividad del sector servicios, defalta de inversión privada en I+D+i-admito que también pública-, de brecha entre nuestros salarios y los de otras comunidades, etc.

Y también lo es por su ceguera a la hora de formar al personal de sus empresas, incumpliendo la obligación que impuso la reforma laboral de 2012, de proporcionar a cada unode sus empleados un mínimo de 20 horas de formación al año, un derecho al que ha accedido sólo el 10% de las plantillas de Castilla y León; por no hablar de los permisos individuales de formación, a los que se acoge un número insignificante de trabajadores aunque las empresas que los facilitan reciben subvenciones públicas por ello.

Siempre consideré un error la exigencia de que la oferta formativa se adecue al tejido productivo del entorno y a las necesidades inmediatas de las empresas, pero a las puertas –o inmersos ya- en la nueva revolución industrial, y laboral, que está tan ligada al conocimiento, lo considero mucho más. Ante los pronósticos de aparición de multitud de nuevas profesiones no cabe otra opción que centrar todos los esfuerzos en que el alumnado adquieraamplias y sólidas competencias básicas, complementadas con otras habilidades como sonla resolución de conflictos, la toma de decisiones, el trabajo en equipo, la comunicación eficaz y, especialmente, la adaptación al cambio a través del aprendizaje permanente. Esta será la única posibilidadde que los trabajadores afrontemos la próxima crisis con alguna garantía de salir ilesos de ella.Lo deseable sería que las empresas de Castilla y León también se subiesen a este carro, así que pónganse las pilas, y háganlo ya.

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