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12

jun 2018

Precariedad laboral y libertad de Información.

12 de Junio de 2018. Cesar Presto Gonzalez, Félix Iglesias, Agrupación de Periodistas de CCOO.

Cuando se habla de la Libertad de Información y de Expresión en los medios de comunicación se tiende a pensar, como es lógico, en las presiones políticas, económicas y editoriales que sufren tradicionalmente los periodistas. Sin duda, esta situación es uno de los frentes tradicionales a los que se enfrentan los informadores de modo habitual. Sin embargo, la vinculación de la pérdida de los derechos laborales y salariales y la capacidad de ejercer un periodismo libre, veraz y plural es cada vez más estrecha y, por desgracia, más frecuente.


Desde la Agrupación de Periodistas de Comisiones Obreras consideramos que la transformación laboral de las redacciones, vinculada a la irrupción de lo digital y un nuevo modelo de negocio empresarial en los medios, están afectando muy negativamente a la libertad informativa.

Consecuencia de una política empresarial que no ha sabido afrontar económicamente el reto de internet (periódicos de papel en crisis y falta de venta en red y fin del monopolio informativo; televisiones generalistas en retroceso ante los canales especializados y de pago), y la irrupción de Facebook y Google como destino prioritario de la publicidad con una cuota del 80% del mercado han llevado a las tradicionales empresas de comunicación a venderse al mejor postor, sea institucional o empresarial.

Esta doble crisis económica y de modelo periodístico, como sucede en la totalidad del sistema capitalista, ha recaído sobre la espalda y los bolsillos de los trabajadores. Las redacciones están adelgazando progresivamente. Bajo el eufemismo de la "economía colaborativa" y del "emprendimiento" se encuentra la precarización del empleo. La tendencia en la actual cultura empresarial es dejar un núcleo duro mínimo para gestiones generales, mientras que el grueso de la producción recae en una red externa de colaboradores. En las redacciones cada vez hay menos contratados indefinidos. Tras una oleada, en los últimos años, de Eres y despidos masivos, muchos antiguos periodistas se han reconvertido en “freelance” y colaboradores. De hecho, de modo fraudulento es habitual despedir, por ejemplo, a un fotógrafo y a los pocos días ofrecerle un contrato de colaborador en el mejor de los casos.

Con estas redacciones en red, el periodista pierde su capacidad de decidir cómo elaborar sus informaciones. Es evidente que cada medio de comunicación cuenta con una línea editorial, pero eso no significa que hay barra libre para manipular informaciones, ocultar informaciones u obviar la pluralidad informativa.

Con este panorama laboral, la libertad informativa y, por ende, el derecho a una información plural, veraz y de calidad entra en crisis. El colaborador, tanto con contrato de colaboración o por piezas, sabe que ya no hace información y ofrece información, sino que está a disposición de los medios de comunicación para elaborar a la carta la noticia que se le pida, con el enfoque que se le requiera o el titular que se le dicte. En ello le va el futuro de su incierta carrera laboral y, de paso, el desprestigio de los medios de comunicación.

El periodista multimedia

Otro fenómeno que atenta sobre la libertad de información, entendida por información de calidad y contrastada, la cada vez mayor exigencia a los periodistas de que se conviertan en informadores multimedia. Un redactor ya no sólo debe escribir o grabar una locución, sino que también debe hacer fotografías, grabar un video y mandar un breve a la web. Es decir, mientras se está, por ejemplo, en una rueda de prensa hay que tomar nota de lo que se dice, buscar el enfoque de la fotografía, grabar lo más sabroso de la comparecencia y de paso enterarse de lo que se dice o repreguntar. Desde luego nada bueno sale de una situación como está. Siempre pongo la analogía de un quirófano donde el paciente antes de ser dormido comprueba que el cirujano no sólo le va a opera, sino también a anestesiar, controlar las constantes vitales y de paso coger el instrumental quirúrgico. En conclusión, el paciente entra vivo pero saldrá muerto.

Este panorama precariedad también tiene su reflejo en las plantillas con contrato por cuenta ajena, ya que la endeble situación económica de los medios, que ha supuesto un notable recorte salarial desde hace casi una diez años, además de pérdida de otros derechos y la doble escala salarial, no invita a exigir el cumplimiento, ante los responsables empresariales y editoriales, de los derechos deontológicos y laborales.

No podemos obviar la falta de conciencia de clase de los trabajadores de los medios de comunicación, donde la afiliación sindical es anecdótica. De hecho, tradicionalmente la labor sindical recayó en las plantas de impresión, de las que los grandes medios de papel se están desprendiendo.

En este mismo plano de autocrítica, la actitud de sálvese quien pueda en tiempo de incertidumbre se ha agudizado en el periodismo. No es nada extraño que informadores se autocensuren, escriban al dictado de los comunicados de prensa institucionales o comerciales o se ofrezcan al jefe de turno a firmar notas de prensa para figurar ante los lectores, radioyentes o televidentes.

Esta doble vía de censura, la impuesta por las presiones laborales, institucionales y comerciales y la autoimpuesta para salvar el puesto de trabajo está teniendo la respuesta del mercado: Ante la falta de credibilidad, calidad y veracidad, el producto periodístico es cada vez menos valorado como un instrumento de control democrático de los poderes, de participación social, de representación de las inquietudes de todas las clases sociales. Nadie compra un producto con defectos, medias verdades e intereses políticos e económicos de una minoría.

Además, la irrupción de las redes sociales con su falso periodismo ciudadano y de los nuevos medios digitales, algunos verdaderas ventanas de aire fresco, han acabado con el monopolio informativo que desde hace décadas acapararon los grandes medios de comunicación y los Estados. Ahora, cuando el control informativo se esfuma se trata de agitar el fantasma de las falsas noticias para levantar restricciones a la información y encorsetar la libertad de expresión y de información.

La información no es una mercancía

En el Decálogo sobre Periodismo Responsable de la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información, en su punto tercero, señala que “la información no es una mera materia primara para el negocio: la labor de los medios es fundamental para el desarrollo de la democracia y debe guiarse por principios éticos y de respeto por la verdad”.

Pero también la Constitución Española, en uno de sus primeros artículos, el 20, dentro del título 1 de los Derechos y Deberes Fundamentales, se menciona en su punto 1 D el reconocimiento y la protección “a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades”. En el punto 2 se indica que “la ley regulará la información la organización y el control parlamentario de los medios de comunicación social dependientes del Estado o de cualquier ente público y garantizará el acceso a dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad y de las diversas lenguas de España”. En este sentido, cabría abrir un debate sobre la idoneidad de primar con más publicidad institucional a los medios con mayor difusión, que ya cuentan con una significativa porción del mercado publicitario privados, o por el contrario, como ocurre en algunos países europeos, en aras de preservar la diversidad editorial apoyar a las empresas de comunicación con menos difusión para garantizar la pluralidad informativa siempre que sea respetuosa con las libertades democráticas y los derechos humanos.

Desde la Agrupación de Periodistas de Comisiones Obreras creemos que los medios públicos deben estar al servicio de la pluralidad informativa y no del partido político gobernante o de intereses empresariales. Pero vamos más allá, al considerar que esa exigencia también debe tenerse con los privados. No en vano las televisiones y emisoras de radio privadas obtienen su espacio radioeléctrico por concesión pública, por lo que deben responder al interés público. O acaso alguien entendería que un farmacéutico o taxista vetase a un cliente por motivos ideológicos, de raza o creencia. Pero también creemos que los medios privados de prensa escrita, receptores de publicidad institucional están obligados a cumplir con la pluralidad, sin que ello merme su línea editorial, pero está no debe enarbolarse como un pantalla opaca para vetar u ocultar lo que no casa con ella.

*Intervención de Félix Iglesias, de la Coordinadora de Periodistas de Comisiones Obreras en la mesa redonda “Libertad de Expresión, que contó también con la magistrada y miembro de la Asociación de Juezas y Jueces para la Democracia, Esther González, y el periodista y miembro del Consejo de Informativos de RTVE, Roberto Lakidain, organizada por la Fundación Cultural “Jesús Pereda” de CCOO-CyL y la Coordinadora de Periodistas en Valladolid el 6 de junio de 2018.

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