Logo CCOO

5

jun 2018

El papel del sindicato en el tiempo presente

5 de Junio de 2018. Jesús García, adjunto a la Secretaría de Organización y Comunicación

En fechas recientes tuve la suerte de asistir en la Facultad de Comercio, dentro de las actividades que programa la Cátedra de Sindicalismo y Diálogo Social de la Universidad de Valladolid, a una charla ofrecida por Manuel Carlos Palomeque, Catedrático emérito de Derecho del Trabajo de la Universidad de Salamanca, cuyo título fue “El papel del sindicato en el tiempo presente”. En su disertación el Profesor Palomeque puso encima de la mesa los retos a los que ha de enfrentarse en la actualidad al sindicalismo de clase, las amenazas que sobre él se ciernen, así como las distintas vías de actuación que ha de seguir para, desde su punto de vista, poder hacer frente a una situación sin duda complicada.


La exposición tuvo una estructura de carácter circular, como podrá comprobarse, en la que se comenzó definiendo lo que es un sindicato para nuestro ordenamiento jurídico, y para ello sirven de apoyatura los artículos 7 y 127.1 de la Constitución, preceptos que permiten explicar su componente sociopolítico, de forma explícita el primero, e implícitamente el segundo. El artículo 7, refiriéndose a los sindicatos de trabajadores y a las asociaciones empresariales,habla de “la defensa y promoción de los intereses económicos y sociales que les son propios”, quedando, pues, expresamente recogido que los sindicatos son sujetos cuya actividad no es meramente económico-profesional. Por su parte, el artículo 127.1 prohíbe que los jueces, magistrados y fiscales pertenezcan a sindicatos, aunque sí deja abierta la posibilidad de pertenencia a una asociación profesional, es decir, a una organización que se ocupe de sus intereses económico-profesionales, en contraposición a la figura del sindicato, que une a esta actividad, la de promoción y defensa de los intereses sociales.

Desde mi punto de vista, resulta muy útil este análisis, ya que, con la Constitución en la mano, permite argumentar frente a los ataques contra los sindicatos de clase por parte de esa derecha, a menudo devota ferviente de la Carta Magna, que quiere relegar a los sindicatos a un papel limitado a las meras relaciones laborales.

A juicio del Profesor Palomeque tres son las vías de actuación de un sindicato de clase para ejercitar su labor adecuadamente. En la actualidad asistimos a un inmenso despliegue por parte de la derecha neoliberal, que financia los “think tank”, los “laboratorios de ideas”, generadores de campañas contra la izquierda en general y contra el movimiento obrero en particular. La primera actuación, pues, es la de ser capaces de elaborar un “corpus” teórico, un firme sustento ideológico, convenientemente adaptado al momento, sobre el que se apoye la praxis sindical, las propuestas y alternativas que ofrezcamos frente a los problemas que afectan a la clase trabajadora, con el fin de de disputar desde la izquierda, en condiciones de igualdad, la hegemonía cultural e ideológica en el mundo del trabajo y en la sociedad. La formación y la comunicación se erigen, así, en elementos centrales a la hora de trasladar esa producción teórica y los debates que, al hilo de ella, puedan surgir, tanto a los centros de trabajo como al propio tejido social.

El segundo elemento sobre el que un sindicato de clase ha de centrar sus esfuerzos es el de las tareas organizativas. Los sindicatos han de dirigir la mirada también hacia su interior, hacia sus recursos, su estructura y sus posibilidades, todo ello con el fin de adaptarlos a las necesidades de una sociedad y de un mercado laboral cambiantes, para ser capaces de disputar y ocupar el mayor número posible de espacios.

El tercer foco de actuación se centra, lógicamente, en su acción sindical, a través del ejercicio combinado de la negociación colectiva y la concertación social y de las distintas medidas de conflicto, es decir, utilizando el conocido binomio negociación /movilización.

Continuó el ponente con la enumeración y breve análisis de una serie de factores que pueden agruparse en tres bloques y sobre los que, a su juicio, es obligada la intervención del sindicato de clase. Cita primeramente la transformación económica de la sociedad actual, con las nuevas tecnologías y la división del trabajo, una vez superado el modelo fordista. La mundialización es otro de los desafíos que se deben afrontar. Las respuestas sindicales son nacionales y el reto del capital es global. La labor de las confederaciones de sindicatos de carácter internacional no está siendo lo suficientemente eficaz frente a la globalización. Del mismo modo, la crisis que casi ha tenido una década de duración, y de la que en términos macroeconómicos parece que estamos saliendo, tiene unos efectos permanentes en el tiempo, y aunque la economía hoy está en expansión, las condiciones de trabajo están en recesión: no se recupera el poder adquisitivo perdido, no se incrementan los salarios y las rentas procedentes del trabajo no recuperan el espacio perdido frente a las rentas de capital.

Por otra parte, las organizaciones sindicales están experimentando en su propia esencia cambios importantes, en ocasiones paradójicos, provocados por fenómenos tales como el acceso de la mujer al mercado de trabajo; la fragmentación de la clase trabajadora; la propia pérdida de la conciencia de clase; la cada vez mayor implicación de los sindicatos mayoritarios en las instituciones, a través, por ejemplo del diálogo social, a pesar de que estatutariamente se siga apostando por la superación del sistema capitalista; la aparición de sindicatos identitarios, de nación, que incluso se sitúan en la izquierda social; el surgimiento de reivindicaciones que no estaban en la agenda sindical hasta hace no demasiado tiempo, al menos de forma prioritaria, como las de género, y las relacionadas con las migraciones o el medio ambiente; o el estallido de protestas tradicionalmente asumidas por el sindicato pero en las que también han aparecido otros sujetos que ejercitan esa labor movilizadora.

Como tercer bloque figura el intento de deslegitimación cultural del sindicalismo de clase, fruto de la expansión de la ideología conservadora, fenómeno que no es exclusivo de este lado de Atlántico, como sabemos: buena parte de los principales países europeos, pero también de los del continente americano, están gobernados en la actualidad por la derecha. Estos gobiernos conservadores tienen entre sus postulados la denominada “descolectivización de las relaciones laborales”, el rancio paternalismo en las mismas, la relaciones tú a tú entre empresario y trabajador, y para ello ponen en práctica las reformas laborales que restan poder a los sindicatos y desequilibran la negociación colectiva. Buscan con todo ello disputar la hegemonía cultural, deslegitimar el sindicalismo de clase, propagar la idea de su falta de utilidad para los trabajadores y trabajadoras, su obsolescencia, y para conseguirlo se financian agresivas campañas de desprestigio a las que, por cierto, no dudan en sumarse las fuerzas de la izquierda populista.

Y es aquí cuando se cierra el círculo expositivo al que me refería al comienzo. El Profesor Palomeque finalizó su intervención señalando que precisamente porque desde la derecha neoliberal no puede actuarse en nuestro país contra el artículo 7 de la Constitución, se actúa sobre la legislación ordinaria, por ejemplo a través de las reformas laborales, la denominada “Ley mordaza” o el Código Penal, y se busca la deslegitimación cultural del sindicalismo de clase, siendo una prueba irrefutable de ello la voluntad de la patronal, pero también del gobierno, de no pactar ni en la negociación colectiva ni en la concertación social.

Con todo ello hay que pugnar, en un contexto sumamente complicado, hostil, pero al que hay hacer frente, pues somos la clase trabajadora.

Últimas entradas

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para optimizar su navegación. Si continúa navegando está dando su consentimiento para su aceptación y nuestra politica de cookies, haga click aqui para más información y ver cómo desactivarlas.